Colocar ceros a la derecha parece ser el deporte preferido de quienes
ponen precio a las casas que se venden hoy en Cuba. Mercado cautivo al
fin, el comprador podrá encontrar muchas sorpresas en el amplio surtido
de clasificados.
Desde propietarios que piden por su vivienda sumas
astronómicas que nada tienen que ver con la realidad de la demanda,
hasta verdaderas gangas que dan pena ante tanta ingenuidad del
negociante. Muchos apresurados por vender, algunos con el olfato listo
para darse cuenta de que este es el momento de comprar una vivienda en
la Isla. Es una apuesta de futuro, si sale mal pierden todo o casi todo,
pero si resulta bien se posicionan –con anticipación- para el mañana.
Los lentos se apuran y los rápidos corren a la velocidad de la luz. Son
tiempos de darse prisa, el fin de una era puede estar cerca… aseguran
los más listos.
Sorprende ver cómo sin apenas nociones inmobiliarias los cubanos se
lanzan al comercio de los metros cuadrados. Narran sus espacio, la
mayoría de las veces con una sobre abundancia de adjetivos que dan
gracia o temor. Así que cuando se lee “apartamento de un cuarto en
barrio céntrico de la Habana con habitación en piso intermedio” deberá
entenderse “cuarto en solar de Centro Habana, con barbacoa de madera”.
Si habla de jardín, mejor imaginarse un cantero con tierra y plantas a
la entrada, y hasta residencias de cinco cuartos, después de una visita
quedan reducidas a dos habitaciones particionadas con cartón tabla. La
misma desconfianza con que se ven esas fotos en las redes sociales de
gente apuesta y joven que busca pareja, debe aplicarse a los anuncios de
viviendas aquí. Sin embargo, también se encuentran verdaderas perlas en
medio de tanta exageración.
Ahora mismo los parámetros que determinan el costo final de una
vivienda son al menos tres: ubicación, estado constructivo y pedigrí. El
barrio influye mucho en el monto final del inmueble. En La Habana, las
zonas más apetecidas son el Vedado, Miramar, Centro Habana, Víbora y
Cerro por su carácter céntrico. Las menos buscadas Alamar, Coronela,
Reparto Eléctrico, San Miguel del Padrón y La Lisa. La mala situación
del transporte público influye bastante en que la gente prefiera casas
que estén cerca de los puntos con mayor fuerza comercial y con
abundantes espacios recreativos. Si hay un mercado agrícola en las
inmediaciones, la suma a pedir crece; si el Malecón le queda próximo,
también. Se rehúye de la periferia, aunque entre los “nuevos ricos” que
han alcanzado un poco más de capital –ya sea por vía legal o ilegal-
empieza la tendencia de buscar una finca en las afueras. Sin embargo,
aún es demasiado temprano para hablar de una tendencia a alejarse hacia
zonas más verdes y menos contaminadas. Por el momento, la premisa
principal se reduce a mientras más céntrico mejor.
El estado constructivo, se erige como otro de los elementos que
definen cuánto costará una vivienda. Si el techo es de viga y loza, los
números se caen; mientras que las construcciones de las décadas 40 y 50
del siglo pasado gozan de muy buena reputación y atractivo. Las peor
valoradas son las llamadas “obras de microbrigadas” con sus feos
edificios de hormigón y sus pequeños apartamentos estilo Europa del
Este. La cubierta si es ligera –tejas, zinc, madera, papel de techo-
obliga al vendedor a obtener menos. El estado del baño y de la cocina es
el otro punto que influye muy directamente en las posibilidades de
comercializar el inmueble. La calidad de los pisos, si las ventanas
están enrejadas y la puerta es nueva –de cristal y metal- se convierten
en puntos a favor. En caso de que no haya vecinos arriba, entonces el
propietario se puede sentar a pedir. También están muy valoradas las
casas que tiene dos entradas, pensadas para una familia numerosa que
busca dividirse e independizarse. Todo cuenta, todo vale.
Hasta aquí parece un mercado inmobiliario como cualquier otro en
cualquier lugar del mundo. No obstante, hay una situación que define de
manera muy peculiar el valor de las casas en venta. Se trata del pedigrí
de las mismas. Con esto se hace referencia a si la vivienda ha
pertenecido a una familia desde siempre o si fue confiscada en alguna de
las oleadas de expropiaciones que vivió Cuba. Si el anterior dueño se
fue cuando la Crisis de los Balseros en 1994 y el Estado entregó la
propiedad a una nueva persona, el precio de la misma baja. También puede
ocurrir que esto haya sucedido durante las salidas por el Puerto del
Mariel en 1980, momento en que la propiedad fue otorgada a otros ante la
emigración de quienes la habitaban hasta ese entonces. Pero donde los
precios tocan fondo es en aquellos inmuebles confiscados entre 1959 y
1963 cuando las grandes partidas de exiliados. Pocos quieren meterse en
el problema de adquirir un sitio que después podría estar en litigio.
Aunque hay algunos que aprovechan esta situación para comprar a precio
de remate verdaderas mansiones en los barrios más céntricos.
Para lograr comprobar tanto la ubicación, el estado constructivo,
como el pasado legal de la casa, los potenciales compradores se auxilian
de su propia experiencia, de un buen arquitecto y hasta de un abogado
que hurgue en los detalles de la propiedad. Cada elemento pondrá o
quitará una cifra, un cero, una centena al precio total que están
dispuestos a pagar. En un mercado cautivo todo es posible y, sin
embargo, es cómo si los conocimientos inmobiliarios sólo hubieran estado
dormidos, aletargados y ahora regresaran con asombrosa fuerza.






